11 octubre, 2014

Sphaera III Trueno





                                    Ayer,
                                    laberinto de ramas ancianas,
                                    vuelos de cuervos colados entre tumbas.


                                    Todo el mar se ha llenado de tus palabras,
                                    sal marina que aún perfuma el deseo.


                                    Y el relámpago nos quiebra la noche, 
                                    es sólo una ensoñación de esmeraldas
                                    prendidas a la piel negra de un gato antiguo.
                                   
                                   
                                    Y ayer, desierto inamovible,
                                    eternidad tatuando troncos secos, 
                                    ahí se devoran las grietas de los huecos
                                    que cargamos en las pisadas.








                                    

27 junio, 2014

Sphaera II Tierra

Tierra


Tu piel encarna los gritos mudos,
recorre la enredadera del humo,
piel de arena quieta,
encerrada en el canto del colibrí
cercado por gotas de vacío.


Tierra olvidada...


En auroras de ansia,
amanecemos.


Centro inmóvil,
cruz de irrealidad
y los brazos de aquí y ahora,
nos atrapan en una constante
eternidad en fuga.


Ojos donde el amor nos renace
un cuerpo nuevo
por cada recorrido del tacto.

Y la luna,
encadenada al aleteo.



El secreto nos huye en la nocturnidad.


Somos tierra, 
nos engarzamos
en el lazo del aire,
donde rompen las olas 
de encuentro y abandono.




© Lucía de Luna, Mz.97.

24 junio, 2014

Sphaera I Agua














Agua



Abismal transparencia

vertiéndose al interior del alma,



Mujer y hombre de dedos lluvia

cayéndose en vapores

donde se hurgan los gritos.




Todo nace en agua,

todos los principios rompen en olas,

somos corriente en eternos viajes de agua,

agua naciente, 

llorosa,

lamentándose 

                                      riendo




Cada lluvia, 

savia,

leche y sangre, 

nos encadena a un viaje de pasos tiempo,

navegamos la piel del manantial,

intangible y secreto.




Mujer transparente, 

escondida,

recorres el monte con pasos de aire nocturno,

bosque corporal, 

sigilo insonoro.





Y todo te nace,

espíritu de gritos quebrados 

círculo perfecto de mar y rayos.






Y yo aquí,

en el principio 

donde nacen todas las olas 

encadenadas a los aullidos de la brisa.










© Lucía de Luna, Nv.98.

23 junio, 2014

Sphaera

Sphaera





Nadie fue ayer, 
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.

Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol...
y un camino virgen
Dios.


León Felipe, 1920.



M A R


Y el mar es una mujer vociferante
que no logra tocar mis pies.

Vida que nos enreda 
en gritos de espuma.

Todo viento es silencio blanco
navegando la memoria.



Algo en nosotros, 
nos agita el llanto.

Algo en nosotros,
  lo acalla.


Aquí estoy,
frente al mar,
frente al olvido.

No somos bahía,
el alma se abre,
océano suspendido de universos.





© Lucía de Luna, Nv.98.



10 mayo, 2014

Astilla


 


Cada uno escribe lo que puede,
no lo que quiere.
Borges.

Llueve, que descansado amanecerá el cielo mañana, después de vociferar y tirar gotas de luz. Y yo miro llorar al cielo y no lloro.

Pronto llegará el alba, la luna morirá sus rizos en fuego de mañana. Mi casa es diminuta, pero las inmensidades se cuelan por la ventana y la noche se convierte en aire frío y empapado que ronda la casa.

Es octubre, el mes de Xochiquetzal, la diosa luna, que vestida de sacerdotisa navega las almas del sueño. En este mes, ella se deja caer, se desangra en partos de luz y así nos limpia la mirada.



En la noche los segundos son largos y se repiten, se forman uno tras otro y yo busco algo que no es ni la luna, ni tus ojos. Busco a Poesía, busco tu nombre.

Pero el deseo es una voz esquiva y cada ofensa es labio de la muerte.

Eres viento, fuga que no cesa y soy torpe, tartamudeo y los versos caen de mis manos, voces de un hilo roto que traza murallas.



La respuesta no llega, pregunte a los huecos nocturnos ¿cómo se le habla al que escribe?...

Sólo encontré silencios punzantes que golpean mis pisadas.


06 mayo, 2014

Un editor hipogrífico


                                                                                                           
La luna merece que todos los hombres la miren, 
siquiera una vez antes de morir. 
Jorge Luis Borges


No tengo la costumbre de saludar a los muertos, pero era imposible no notar su fantasmagórica álgida presencia con su voz de granizo. Era un ánima de piel y viento, un ser irremediablemente testarudo que invadió todo el lugar con destellos, su voz era como de piedras que mascullaba versos entre ráfagas de luz. 

¿Qué otra salida quedaba sino saludarle e invitarle a tomar asiento y ofrecerle algo de beber?, ¿un vaso de agua, quizá un café o preferiría té? 

Sus pisadas de plomo se arrastraron como hilachos de arenisca, padecía de una cojera, por lo que lentamente y, a su propio paso, camino por la habitación y justo antes de sentarse, dio dos vueltas como suelen hacerlo los felinos para finalmente tomar asiento con educación y elegancia, mostrando su absoluto esplendor.

Me senté enfrente, era obvio, temblaba. Me dio las gracias, me dijo que no necesitaba beber nada. Luego, me aclaró que los líquidos le caía mal, porque suelen apagar los fuegos y destruir los cielos en la garganta y entonces; en lugar de llamas, se tosen cenizas y eso, nunca es del todo agradable. Luego, añadió:

 -¿sabe usted? No suelen ser amables a mi llegada, por lo general, no desean recibirme y a pesar de los años, no logró comprender porque esos gritos. La verdad no son agradables para mi oído, y así he obtenido la fama de un verdugo que ejecuta con la velocidad del trueno, porque siempre, en esos casos y que son lo más por cierto, simplemente ejecuto la orden, lo más velozmente posible para restaurar el silencio. Pero hoy, quizá pueda hacer una excepción con usted, porque imagino al menos, que sabe muy bien la razón de mi visita, ¿no es así?



Trague saliva y asentí temblando, muy levemente, el gesto no permitía asegurar ni negar nada del todo, con lo que me creí, por un instante, torpemente a salvo, aún a pesar de estar plenamente consciente de que se trataba de mi propia ejecución. 

Aquel extraordinario ser, se acomodo mejor y fue entonces que pude ver entre sus mangas aquella piel. Era un ser pétreo, era una gárgola a la que en la oscuridad le nacía su plumaje y cuya vitalidad provenía de una antigua maquinaria con engranajes de reloj. Con sus garras desnudas de bronce comenzó a arañar el piso de madera como si fuera hojarasca, era evidente que esos crujidos le deleitaban. Sus ojos fijos eran dardos de muerte y no me perdían de vista. Con su nariz de ganzúa me hacía sentir como se bebía todo el aliento. Luego extendió sus grandes alas de lluvia para acomodarse mejor y el agua de las plumas cayó formando charcos, se sacudió y luego, a sus anchas, tanto las alas como el agua, ocuparon todo el lugar y entonces dijo:

 -Mire, con usted seré cordial, en agradecimiento y porque esto es sumamente simple, su tiempo ha terminado. ¿Tiene algo que quisiera mostrarme que valga la pena? para que le dé, digamos..., un plazo extra. Le advierto que será breve y por supuesto, correría por mi cuenta. Con los superiores podría decir que no le encontré pero que le buscaré nuevamente terminando toda mi lista de creadores, si para entonces usted tiene algo en las manos, aunque sean algunos garabatos que pueda respaldarlos con algo de verborrea, quizá hasta puedan darle, digamos, ¡una brevísima amnistía atemporal!¿Le gustaría leerme algo ahora?


Mis ojos estaban ya desorbitados y los latidos me inundaban la garganta. Me levanté para tomar de una mesa el cuaderno en que escribí con la tinta púrpura que me ordenaron. Al abrirlo, las palabras se diluyeron formando una mancha al centro y, con horror, descubrí que habían hurtado mi historia, habían hurtado todas las palabras, no quedaba ni rastro de la tinta, sólo había hojas vacías, en blanco. El tiempo se detuvo en aquel instante, sólo alcance a medio girar la mirada cuando un viento fulminante con relámpagos destrozó el lugar.

Sí, el tiempo se detuvo para mí aquel día. Ahora me sientan cada mañana, de diez a dos en esta silla para ver a las personas pasar. Me dicen que tuve un gran talento. No recuerdo nada, sólo ese sueño, todo lo demás me es ajeno, no recuerdo ningún rostro. Ya sólo me queda un sabor a fuego en la boca y esa maldita acidez cada vez que abro mis ojos, ya no puedo ni inventarme una historia que le dé razón a mi estadía en este lugar que me resulta eternamente desconocido y al que sólo lo habita una breve luna tras la ventana.



Lucía de Luna, 19 nov. ‘12.






16 abril, 2014

Luna de sangre, Fénix Argenta...



Yo Nezahualcóyotl lo pregunto: 
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? 
Nada es para siempre en la tierra: Sólo un poco aquí. 
Aunque sea de jade se quiebra. 
Aunque sea de oro se rompe. 
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
 No para siempre en la tierra: 
Sólo un poco aquí... 


LUNA DE FUEGO

Fugaz aurora devorada



Fénix Argenta que  en su propia fragua labra el llanto de sangre que cruza la nocturnidad. 




Un grito arraigado en el silencio del espacio, es fuego y llanto que se derrite a trozos.



Qué hará ese gitano con tus trozos de luz arrancada, qué hará con los pétalos que te desgajo en el vacío.



Hay un región más allá de este mundo e inframundo, un más allá dónde tu voz es nítida enunciación del sueño donde tus pisadas son pincelazos de luz, trazos de infinito.


Eres plumaje de Quetzal herido, desangras fuegos de mar y cada pluma es verso herido como letra agonizando en llovizna de infinito.


En tu ausencia, no somos nada, sólo un vacío hecho de arenas de tiempo en constante olvido, movedizos latidos que se tornan en desvanecencia de la más absoluta nocturnidad.




¿Qué guerrero te ha herido para que tu voz enrojezca la noche que sostiene el aliento de las esferas celestes...?



De tus pisadas lunares los gitanos hicieron collares blancos. Tu voz quebradiza es guirnalda de flores en ensoñación, y de tu piel deshilachada caen cantos del ave en el azul marino que abre sus plumajes de olas intentando alcanzar tus lágrimas. Oh, Pobre luna sonrojada y cautiva tras los barrotes de la nocturnidad.




Luna que ardes en fragua de cielos, abre el libro de tu corazón para que el canto del agua surja como voz de un faisán en renacimiento.



Pequeña Luna renovada, nueva piel de la luz navega más allá de la tierra y de las miradas.  Ahora que eres Fénix Argenta vuela lejos, aletea trazando un trayecto a la ausencia. 



Como el poeta que canta en nocturnidad ha dicho.   "El sobre vacío es el mensaje del silencio." (A.L)



Y la luz se asoma con curiosidad por una ventana.










Versos de epígrafe de: Netzahuálcoyotl, el Rey Poeta, 1472 y verso intercalado de Antonio Pérez Lasheras.