06 octubre, 2011

Naufragio de los suspiros

Tuve la belleza en mis rodillas y era amarga,
cosas y palabras se desangran por la misma herida.
Rimbaud / Paz.


Lo que nos duele del naufragio no es el hundimiento sino que el sueño nunca alcanzó la otra orilla. 

Y aún cuando los sueños puedan hundirse, algo de ellos aguardará siempre bajo las frías aguas del silencio.
Ahí, detenidos en la memoria, los pensamientos se vuelven un giro del tiempo, y las mareas con sus ritmos pulen el dolor entre sus marejadas de espuma. El vai-ven convierte el sueño en trozos de perla y coral. Sí, en los hundimientos el alma reposa como quien medita y entonces algo de la corteza del agua permite que el alma pueda navegar en otra piel, porque al caer, la arena del fondo puede trastocar todo lo intangible del cuerpo en escamas de sal y algas de arena. 

En el olvido, el sueño puede ser una sirena que ronda el pensamiento del recuerdo. Sílfide que traza con su pensamiento otras navegaciones.

El sueño es otra forma de trocar la realidad y mirarla en los ojos del universo, como las estrellas que miran y al caer las miradas se vuelven agua de mar, agua de lago o agua de cielo hecha nube o neblina. 

Como desearía sentir un abrazo cálido de sol radiante pero ahora sólo soy sigilo de una noche que deambula entre las mareas y los árboles, buscando una palabra que le guíe lejos de los desconsuelos y, el canto del ruiseñor, sólo es una perennidad de olvido.
En el fondo del mar los peces como pájaros marinos cantan y aletean para crear las olas, la espuma mueve las botellas con mensajes nunca escritos que se alejan, navegan vacías de palabras en un oscuro océano del que no alcanzamos a ver, ni su fin, ni su rastro.

En el fondo del océano, la luz se vuelve transparencia y el largo cabello de la luna se trastoca en alga marina que tapiza el deambular del unicornio. Lady Shalott aun navega por el silencio de una diminuta casa de agua, donde el cielo con sus eternidades asoman, de cuando en cuando, pestañeando lunas, nubes y amaneceres. 

En un altar puse mi corazón, y luego lo enterré, entre versos azules de un poeta antiguo, porque un sabio me aconsejo que sobre toda cosa guardada, guardará mi corazón porque de ahí manaba la vida. Sé que entre sus versos, mi alma tendrá buen resguardo de las espinas de la realidad. También he colocado un espejo de luna donde el sol pueda reflejar sus silencios amarillos y naranjas, ávido unicornio de cristal que cuida sigiloso las navegaciones del incienso. 

Algo me dice que mi deambular ahora va a otra parte, bosque de nieve cercado por viento, dicen que si encuentro los rastros de la mirada puedo descubrir la rosa púrpura al centro de este abismo blanco; también me han dicho que entre sus pétalos estará escrito mi destino. Pero sólo escucho los pasos del arroyo del agua a lo lejos. No hay brújula en los aleteos, sólo son navegaciones de la piel de sirena que como naufragio silente, espera en el vacío.

Suspirar puede ser peligroso, pues el aire cae en hechizos, como cristal quebrando la mirada. Las aspiraciones entran en el alma como estalactitas de hielo y rasgan el sensible velo de seda que es piel del alma. Suspirar puede ser muy peligroso ya que nos lleva a caer en abismos, naufragios de viento sin marea. 

En el sueño veo la luna desquebrajada en hojuelas que reposan en la arena seca del fondo del mar. Y ya sólo es ahora, astillas de niebla devorada entre algas y mareas. 

Sí, suspirar es un arte peligroso pues fácilmente caemos en destierro de olvido

                                                                                                                                                    L'l                

          





04 octubre, 2011

El Pájaro

El Pájaro

En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.



Octavio Paz

01 octubre, 2011

Recuerdos de mi infancia



Desde mi ventana veo un pequeño trozo del bosque de Tlalpan. El día de hoy amaneció como amanecen mis suspiros, envueltos de neblina donde los recuerdos de la infancia, casi lejana, inaccesible, más que en la memoria, toman piel y cuerpo de agua que canta y ensancha sus cauces.

Hoy he recordado al despertar la casa de mi abuela en Salvatierra, con sus cántaros de barro y llena de flores y frutos. Recordé cuando de niña, casi de 3 años porque los 4 los cumplí en la capital, me recordé andar deambulando la huerta de mi abuela, llena de frutas y dándole una muy buena mordida a un jitomate en su propia mata. He recordado el sabor y la textura de ese jitomate vivo, casi como si latiera desde su rama y me regalara el sabor dulce y su corazón hecho de agua y semilla, al morderlo cuando aún respira es como si uno devorará un postre con sabor a azúcar viva. Igual pasaba con las guayabas y los mangos. He recordado a mi abuela preguntando si alguna cabrita traviesa le había dado mordiscos a su fruta y me he visto en la memoria negando con la cabeza y muy seguramente con la boca embarrada de todos los delitos de fruta y dulce en la cara.

He recordado a mi abuela en su cocina llena de cántaros de agua y ollas de cobre, me he visto sentada en la mesa, mirándola ir de un lado a otro, cocinando en una pequeña estufa de petróleo con dos fogones y con un fogón que estaba diseñado como las cocinas novohispanas para leña o carbón y la he visto preparando quesos de canasto, redonditos y muy blancos.





Por alguna extraña razón, que nunca comprendí, ella se negaba rotundamente a que se le pusieran los servicios de luz y agua, así que el agua que usábamos provenía de un pozo y en las noches nos alumbrábamos con luz de quinqué. En ese momento la noche se hacía dueña del espacio con una oscuridad que deba la sensación de poder agarrarla con los puños. El sonido de los grillos y los insectos nocturnos invadían todo lo que la noche no lograba penetrar. Arriba, el cielo parecía caerse de estrellas y, la luna vaya que era hermoso ver deambular la luna atravesando la vía láctea. Ahí descubrí que la luna es muy desobediente, simplemente hace lo que quiere y pasea por la noche por donde desea, nunca es por el mismo lado, siempre busca vías alternas, como si fuera un pájaro libre vestido de hojuelas de luz que traza su propio camino y destino.

Mi abuela fue una extraordinaria cuentista, en la noche nos contaba historias realmente fantásticas y años después descubrí que entre ellas nos contaba hagiografías y que los héroes no eran guerreros míticos sino santos, hoy he recordado que me gustaban las historias que tenían que ver con el Arcángel Miguel, me fascinaba que me lo describiera, sentía que era un caballero armado con espada que salía a enfrentar enemigos y la luchar como un gran gladiador, era emocionante y lo que más me gustaba era que me narrara la lucha, cómo él agitando su espada derrotaba dragones (que era lo que me parecían los demonios que me describía mi abuela en sus historias y en verdad que era muy emocionante).

Hoy incluso he recordado los conejos y a un perrito, que se llamaba bola porque su cola estaba enrollada como un caracol. Y he recordado un columpio peligrosamente puesto junto a una nopalera, de chamaca pensé que si me hacía con mucha fuerza podría alcanzar trozos de cielo, pero no, sólo había espinas cerca que me arañaban las piernas, como años después la realidad me araño los sueños.

Cualquiera pudiera pensar que mi situación en esos años era precaria, sin embargo; yo nunca he vuelto a vivir ni sentir tanto amor y felicidad en mi vida como en esa época.

Y aunque la neblina se desvanezca, para volver de cuándo en cuándo, ahora sé que la niebla es sólo la marea de un océano lejano y aún cuando le dé por deambular en mi ventana, sé que me visita sólo para recordarme que hubo una época en que corría tras conejos y las nubes eran parte del juego que narraba sus propias historias en el viento.



25 septiembre, 2011

Lecturas insospechadas ALTOLAGUIRRE


Lecturas insospechadas ALTOLAGUIRRE

Recomencemos pues el trabajo, es casi 26, la hoja permanece aguardando y me pregunto:
¿Cómo construye el mundo la mirada del poeta?
¿Es que acaso la lectura es un intento por deconstruir ese mundo...?
Todo poeta deambula en el mundo como voz de un viento ajeno
No hay palabras para trazar la luz ni enganchar la mirada,
Sí, los poetas no nacen, ni se mueren,  ni los asesinan.
Nada puede tocarlos, ellos simplemente deciden echar a andar en la niebla...

Altolaguirre es toda una revelación de la tinta y su manejo de la imagen entretejido en los latidos del sueño, han creado hecatombes en mi respiración, hoy quiero compartirles estos poemas escritos por él:


POEMAS DE ALTOLAGUIRRE:




Beso

¡Qué sola estabas por dentro!

Cuando me asomé a tus labios
un rojo túnel de sangre,
oscuro y triste, se hundía
hasta el final de tu alma.

Cuando penetró mi beso,
su calor y su luz daban
temblores y sobresaltos
a tu carne sorprendida.

Desde entonces los caminos
que conducen a tu alma
no quieres que estén desiertos.

¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
cuántas caricias y besos!



Contigo

No estás tan sola sin mí.
Mi soledad te acompaña.
Yo desterrado, tú ausente.
¿Quién de los dos tiene patria?

Nos une el cielo y el mar.
El pensamiento y las lágrimas.
Islas y nubes de olvido
a ti y a mí nos separan.

¿Mi luz aleja tu noche?
¿Tu noche apaga mis ansias?
¿Tu voz penetra en mi muerte?
¿Mi muerte se fue y te alcanza?

En mis labios los recuerdos.
En tus ojos la esperanza.
No estoy tan solo sin ti.
Tu soledad me acompaña.





El ciego amor no sabe de distancias...

El ciego amor no sabe de distancias
y, sin embargo, el corazón desierto
todo su espacio para mucho olvido
le da lugar para perderse a solas
entre cielos abismos y horizontes.
Cuando me quieres, al mirarme adentro,
mientras la sangre nuestra se confunde,
una redonda lejanía profunda
hace posible nuevas ilusiones.
Ser tuyo es renacerme porque logras
borrar, hundir, que se retiren todos
los espejos, los muros de mi alma.
Blancura del amor. Con cuánto fuego
se anunció tu presencia. Tengo ahora
la luz de aquel incendio y un vacío
donde esperar, donde temer tu vida.




Tus palabras

Apoyada en mi hombro
eres mi ala derecha.
Como si desplegaras
tus suaves plumas negras,
tus palabras a un cielo
blanquísimo me elevan.

Exaltación. Silencio.
Sentado estoy a mi mesa,
sangrándome la espalda,
doliéndome tu ausencia.



22 septiembre, 2011

EL ANDALUZ




Sombra hecha de luz,
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.

Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.


Luis Cernuda

20 septiembre, 2011

Versos truncados del 27




En 1927 un grupo de jóvenes poetas. Todos ellos ignorando lo que la vida les depararía y el lugar que podrían alcanzar al organizar un homenaje a Góngora. Quizá si una gitana les hubiera narrado sus destinos lo más probable es que ninguno de ellos lo hubieran creído y, mucho menos, los dos poetas que poco tiempo después las balas  de la barbarie reclamarían los latidos de su vida,  y aquellos que podrían haberse considerado intocables, fueron mancillados por la estupidez…  Hablo de Lorca e Hinojosa... Cuántos versos truncados, cuantos poemas que nadie podrá adivinar y por mucho que rasguemos el aire para intentar descifrar lo que pudieron llegar a decir, nunca podremos extraer de aire sus versos




ALMA AUSENTE (Llanto por Ignacio Sánchez Mejía)

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

Federico García Lorca




El fuego calcina nuestras carnes

Este brazo de fuego
quemaba mi costado
recubierto de brotes
plenos de savia verde
cuando tu cabellera
fue de piedra en el viento
y mis sueños se abrían
en pétalos de carne.
Estos aires de fuego
derretirán la nieve
lejana de los polos
al cuajar en el árbol
nuestros dos corazones.

José María Hinojosa


17 septiembre, 2011

Oráculo

ORÁCULO





















Atardece...

lentamente,


la soga,

alba marina,

labio atracado.




                                                                                             L'l