10 mayo, 2012

Transparencia


Yo te arrojé de mi cuerpo...
Quedó mi cuerpo vacío,
negro saco, a la ventana.
Se fue.
Se fue, doblando las calles.
Mi cuerpo anduvo, sin nadie.
Alberti.





Asaltados los silencios por un destino irreversible,
el desierto extiende sus lenguas, manos de arenosa inmensidad.

Este páramo de tiempo sin oasis para mariposas cristalinas
en cuyos vuelos, astillan todo aire, como se craquelan los espejos vacíos.

El sueño es un pasado remoto que colgamos en la sombra,
desarmada de estrategia, nace la tormenta y sus abismos.

Menguada la voz baja del polvo, sólo queda el suspiro quebrado,
única deambulación de la danza lunar como partida imposible.

¿Qué es este tiempo que nos gira como caleidoscopio absurdo?

Vida tras vida, sólo avanzamos deshojándonos las miradas,
renacemos una y otra vez, pero continuamos el mismo lamento de lejanía.

En esta tierra ya no amanecen nubes púrpuras,
En estos lagos no nadan sirenas con sus cantos de agua,
En este cielo vacío no revolotean los milagros
Y todo fuego de labios ha quedado extinto.
No somos sangre, ni nombre, sino espíritu engarzado.

Entre cenizas, los sueños lucen desgranados y diminutos,
ante el silencio, hay que recorrer este absurdo salón de espejos,
para no encontrar, ni tus ojos, ni un reflejo de cauces o cascadas.

Irreversible destino de silencios que asaltan los vuelos
y la mariposa cristalina hace un milagro extraordinario,
sigilosa y discreta sobrevive a los desiertos en arenosa inmensidad.

Pero en esta tierra, no hay ojos que observen el milagro...


                                                                                        L'l /   ©Lucía de Luna





©Lucía de Luna

01 mayo, 2012

Esquirla




Cantos pardos reptan la hierba,
cantos oscuros de terciopelo celeste
devoran la piel de la mirada,
una luna en llamas, vela del vacío.

Todos los fantasmas
enmarañan troncos quebrados,
se vierten en las hojas del aire,
peinan giros del silencio.

Indagando en el insomnio,
el beso eternamente ausente
y la nada hila su dorada vereda.

Huella de tiempo a destiempo,
en esa siempre eterna aquella noche,
inunda su copa de blanquísima luna,
esconde tres borbotones de agua mulata.

Mirada que engarza trozos de exilio
Y, el destino garigolea heridas,
esquirlas de tiempo...


                                                L'l





©Lucía de Luna

30 abril, 2012

Luna de oro






Una luna dorada en cielo,
lumínica media moneda
arabescos de silencio. 
Remonta giros de estrellas, 
huye de la mano que sigilosa hurta 
su caudal de luz, 
su sonrisa de noche;
desvanece la otra mitad
y la noche desnuda 
oscuridad respira, 
un duende deambula cristales, 
junta sus doradas pepitas de universo.

                                                       L'l



©Lucía de Luna

18 abril, 2012

Persuasión



Juegas a ser mar,
cielo de agua.


Anido en tu ombligo,
pestaña de mi silencio.

Trágame,
como el verde atardecer
que devora a las gaviotas.



17 abril, 2012

Eco


Renaces al fuego muerto.

Duende,

señor de arena dócil,

pecado que canta.



Mi seno,

hoguera de tu danza,

cándido revoloteo

que alimenta los frutos

suspendidos de la noche.


                                       L'l







16 abril, 2012

Presagio




Tú, tiempo...


Distancia de tu cuerpo sobre el mío.


Soy menguante cielo,
caprichoso fragmento
de tu suerte gatuna.


                              L'l



13 abril, 2012

En soledad de Cernuda


En soledad. No se siente
el mundo, que un muro sella;
la lámpara abre su huella
sobre el diván indolente.
Acogida está la frente
al regazo del hastío.
¿Qué ausencia, qué desvarío
a la belleza hizo ajena?
Tu juventud nula, en pena
el blanco papel vacío.

             
                          L. Cernuda