El temple,
cárcel del silencio
que cercena utopías.
El equívoco,
único verdugo sin rostro
que mutiló afectos
en astillas de llanto,
agua rota ante lo irrevocable,
un tenue reflejo del alma tartamudea:
¡Pardon, monsieur!
Y, la sorda cuchilla del infortunio
asesta todo su encono.
cárcel del silencio
que cercena utopías.
El equívoco,
único verdugo sin rostro
que mutiló afectos
en astillas de llanto,
agua rota ante lo irrevocable,
un tenue reflejo del alma tartamudea:
¡Pardon, monsieur!
Y, la sorda cuchilla del infortunio
asesta todo su encono.
©Lucía
de Luna